Jhonatan Jair Herrera Álzate
2019
Esto no es ni de cerca una apología por muerte, se parece un poco más a las sensaciones alegóricas que dejan la relación de Quiroga con la muerte, dicen que todos la tenemos respirando al cuello, pero pocos tienen una relación tan cercana con ella, a tal punto que, aunque cliché, se entregue en sus brazos como niño que busca el descansó en brazos de su madre.
Horacio es uno de esos escritores que su propia vida parece un cuento con tintes de terror, una tragedia entre el drama, el suspenso y algunas pinceladas cómicas. No era más que un bebe para cuando la muerte ya dejaba sus marcas, su padre muere por razones un tanto extrañas,
en un accidente de caza. desde ese momento hasta su defunción un cacodemon se acuña en él, o al menos las circunstancias se le parecen mucho a una singular maldición.
A la deriva, de entrada, este cuento de deja claro que el óbito es inevitable, aunque el hombre no quisiera su fin, quizás Horacio nos diga que el tiempo no alcanza, que deberíamos tener todo listo. Un destino que corre como el mismo Paraná, con la precisión del tiempo que no duda en contar dos años y ocho meses y medio. como si fuera poco, el hombre pone un personaje que hace poco o nada por su vida, nos relata imágenes de un moribundo, la sombras, la oscuridad, la soledad y como si la esperanza fuera una buena idea nos endulza con un respiro de tranquilidad, un posible giro, un alivio para el cuerpo que pronto a de suspirar.
“El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.”
Su vida transcurre como la de un niño y joven normal hasta que su padrastro se suicida, al poco tiempo su hermano y hermana mueren de fiebre tifoidea, para concluir esta racha macabra termina asesinando por accidente a su mejor amigo.
Los mensú, las pasiones humanas o más precisamente la ruina del hombre: el deseo carnal, el dinero, el juego y el alcohol son un hermoso detonante para la locura, las decisiones inesperadas y las vicisitudes aprobadas en un mundo hostil. Todo exceso lleva a la muerte, en ocasiones no la propia pero siempre a un final desalmado, tan frívolo como dejar morir a quien te sirve, hacer un lado al amor, o tan material como el frio del revólver. Este cuento un poco más encarnado en las extrañas realidades de la selva no es tan diferente a otros, una filigrana de esperanza, un roce con la humanidad, para morir de nuevo en la corriente del Paraná. “lo único que el mensú posee es un desprendimiento total de su dinero”.
Su primer matrimonio con Ana María Cires no termina para nada bien, aunque de este salen dos hijos (Egle y Darío), su amada se suicida tomando líquido para revelar fotografías, con algunos intentos anteriores a sus tan solo 25 años. El dolor lo llevo a dejar de escribir o por lo menos de publicar por cerca de un año, luego de esto, los especialistas aseguran que este es el momento de su mejor escritura.
El almohadón de plumas, es un cuento de aquellos que más que darte respuesta, te genera dudas, pero, también es un cuento en el que la muerte se viste de cruda realidad, donde ni la luz del día, ni los doctores pueden con ella, con la certeza de un fin pronto, pero además nos describe imágenes fúnebres como la casa fría que de a poco acaba por apagar los sueños, hasta acurrucarte en un mal llamado lugar de confort. “Alicia murió por fin”
De su segundo matrimonio con la joven María Elena Bravo, nace su tercera hija (María Elena Quiroga), su segundo matrimonio termina en un doloroso divorcio, ella no soportaba la vida en la selva y el no soportaba vivir en la ciudad, Posterior al divorcio, la enfermedad y la muerte lo acechan en carne propio, pero la muerte en la ropa del suicidio.
los buques suicidantes, el misterio de suicidio tratado con una delicadeza y una magia, esta vez se aparta un poco de la ciudad y la selva, en este caso nos sumerge en la inmensidad del mar, las supersticiones y de nuevo la soledad, el alejarse de sus similares, los pensamientos profundos y agudos, el silencio, pero aún más la abrumante indolencia común por el suicidio, son algunos de los elementos que encierran este cuento. La incapacidad de pedir ayuda en un momento al borde de la muerte y la aceptación por esta idea hipnótica, nos aprieta las ideas como cargándonos con el pensamiento, de que, al final todos somos culpables, algunos por la duda, otros quizás por el olvido, otros por la apatía y la mayoría por el desconocernos.
“…De pronto se levantó y lanzó un largo silbido. Sus compañeros se volvieron. El los miró vagamente, sorprendido también, y se sentó de nuevo. Un momento después dejó la camiseta en el cabo arrollado, avanzó a la borda y se tiró al agua. Al sentir el ruido, los otros dieron vuelta la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido. En seguida se olvidaron, volviendo a la apatía común.”
Aun después de su partida, la maldición lo acecha ahora en personas queridas, de la misma manera que en él, vestida de suicidio, es así como sus dos hijos mayores, su gran amigo, Leopoldo Lugones, y quien fuera su amor imposible, Alfonsina Storni, terminan con sus vidas. Su hija menor (Pitoca, para la familia) intenta suicidarse tirándose de uno noveno piso.
El solitario. este cuento recoge muchos elementos que se presenta durante la obra de Quiroga, las relaciones maritales, la pasión por el dinero y las joyas, la vida… tal vez el centro de la escritura de este autor sea la muerte, para este caso la muerte se viste de homicidio, con la frialdad, la hermosura y misterio que un solitario pueda cargar. “¡Tú eres el ladrón, miserable! ¡Me has robado mi vida, ladrón, ladrón! Y creías que no me iba a desquitar…”
Sin ser la pretensión del texto, estos fragmentos biográficos de Horacio Quiroga develan ese acercamiento carnal con la muerte de formas trágicas, junto con la mención de algunos cuentos, que revelan una mente agobiada, con una fascinación por la muerte, desvistiendo a la misma, la dispara entre cuentos directo a las pupilas de un lector, como homicidio, muerte repentina, asesinato, suicidio o la lenta acción de tiempo.
Imagen tomada de: https://historia-biografia.com/wp-content/uploads/2017/09/Horacio-Quiroga2.jpg
