Huellas de tinta, voces que enamoran.

El pasado 23 de abril en medio de la celebración del día del idioma español, la alcaldía del municipio de Guarne, a través de la Secretaria de Educación y Cultura y de la Dirección de Cultura con el apoyo del Centro de Historia de Guarne, exaltaron la memoria de tres reconocidos escritores guarneños: Luís Alfonso Díaz Ospina, Félix Antonio Cardona Sánchez y Manuel Salvador Zapata Cardona.

Queremos unirnos a este homenaje compartiendo con ustedes un video realizado en homenaje a estos tres ilustres personajes y textos de Félix Antonio y Juan Pablo Cardona Olaya sobre su padre.

HOMENAJE PÓSTUMO

Félix Antonio Cardona Olaya

Este instante… es un momento muy grato e importante, porque nos encontrarnos con las personas y las familias que mi padre más apreciaba, que valoraban y aun valoran significativamente su accionar intelectual, histórico, cultural, artístico y pedagógico que hizo por Guarne, un pueblo que amo profundamente, donde encontró la plenitud que le hizo ser completamente feliz.

El reconocimiento tiene una fuerza simbólica extraordinaria, es una forma de todos honrarse entre todos, es un gesto de cortesía que embellece el alma, juntándonos a todos en un sentimiento colectivo, una experiencia de memoria que, fortalece la comunidad de la que todos hacemos parte en este momento.

A estos tres amigos (porque fueron grandes amigos) esperamos… se encuentren nuevamente y continúen sus obras en vidas futuras.

Luz Angelica Cardona Olaya

Palabras escritas por Juan Pablo Cardona Olaya en homenaje a nuestro padre Félix Antonio Cardona.

HUELLAS DE TINTA

Tres muertos nos acompañan hoy en esta sala, a ellos honramos estos minutos que nos convocan en palabra y plegaria de agradecimiento. Ellos encontraron la manera de sobrevivir en el tiempo y se siguen haciendo memoria.

Luis, Manuel, y Félix, tres generaciones de Guarneños que, picados por el bicho de la palabra y las letras, siguen intentando que una comunidad se reconozca en sus orígenes, y no pierda la memoria a la velocidad de la autopista que hoy determina nuestras vidas.

Esta noche, la memoria de Félix Antonio Cardona Sánchez, nos reúne. Nuevamente se evocan tus palabras y tus ideas hechas tinta. La sagrada biblia, Stefan Zweig, Ortega y Gasset, Aristóteles, Platón, Hegel, Kant, Descartes, Carl Sagan, novelas históricas Dan Brown, la ciencia del cerebro.

Cuentan que niño se demoró en hablar, pero que después de empezar ya no lo paraba nadie, y así por el resto de su vida.  ¡La abuela luz… Lucita!, la que guio el sendero de estos hijos de dios, la abuela, que sabía de letras, de plantas, y remedios, con la biblia y el vademécum hizo la primera herida para que las palabras sangraran, luego vino el seminario, con grandes bibliotecas, y libros inasequibles por aquella época en otro escenario que no fuera con los sacerdotes.

La palabra te hizo hombre, conocerla te alejo de la doctrina, y te llevo a dudar, a cuestionar, a incomodar,

En el 60  Baltazar Álvarez Restrepo decidió que no tenías espíritu sacerdotal, luego en cartas nos enteramos que había hambre, no solo física, sino literaria.

El amor por lo libros, el traqueteo de una Under Wood Olivetti 44 al escribir, la huella de tu mano campesina y cabuyera, en el papel que sobre los renglones cavabas surcos donde inyectar la tinta, y a dos dedos en la máquina de escribir

Y es que la palabra, las letras, la bohemia, ya te llamaban, por eso Bogotá fue un buen refugio para ese sacerdote inocuo que siempre habito en ti. De traje y sobre todo, por los cafés del centro, te podías encontrar a de Greiff, a Rendon o Gonzalo Arango. El pulpito que te fue arrebatado ahora estaba en las calles y los cafetines. En plenos años 60” tu sabiduría ya era excepcional, un hijo de sacadores de cabuya, ahora era maestro, educador, con esas manos gigantes de apretar el carrizo de niño, con esa figura de gladiador romano, con esa cara de artista de cine, retaste a la ciudad, y la doblegaste, y triunfo la filosofía, y el amor por los libros

Fuiste la prehistoria de los audiolibros y los podcast, te convertiste en un libro andante, cuya información estaba impresa en tus neuronas, y solo necesitabas de un público para reproducirla en un sermón en una cantina, en la mesa del desayuno, o una finca campesina de Yolombal donde solo miraban con asombro como de la comisura de tus labios brotaban tantas fechas, eventos y nombres.

Por aquí en el pueblo dicen que eras un compilador de documentos, en Bogotá alguien te dijo que, tu estilo literario era la arqueología documental, un indiana jones, en busca de actas perdidas, inspirado en epístolas que iban y venían de tus coterráneos en Guarne y de tus compañeros de seminario

Una casa vendiste para producir la axiología de los valores, libro que compro la hija de Gaitán por esa hermosa introducción que haces a la axiología, ¿el valor de las cosas, que existe en las cosas? ¿O que se lo asignamos?,

De niño, al comienzo ayudabas con mis tareas, y una pregunta de primaria, terminaba siendo analizada en 2 enciclopedias, en el diccionario de la real academia, y. otro texto adicional, cosas que de (los) niños no sabemos valorar, por eso no volví a preguntar, porque solo quería terminar la obligación rápido y tele irme a mirar.

Fui consciente de la silenciosa y agradable compañía de un libro, esa que estuvo contigo para el entierro de lucita, cuando tu avión fue desviado a Cartagena y contabas como esperabas en calor de la heroica, leyendo. Luego lo experimenté una tarde en el aeropuerto cuando los vuelos fueron retrasados, y encontré en un libro la complicidad para esperar con un vuelo literario, un vuelo físico.

Fui testigo de cómo te refugiaste en libros de la ciencia del cerebro, cuando tu Amparo enfermo de la hoy muy común enfermedad de la tristeza, y entonces ya nos explicabas que era falta de serotonina, y una niñez difícil la que la arrastraron a noches de llanto.

Me pregunto si hubiera sido mejor heredar tu disciplina, tu orden de seminarista y no heredar tu bohemia. En la que mi adolescencia broto ese espíritu rebelde que te hizo abandonar el seminario con gallardía, sin titubeos dispuesto a empezar de nuevo.

Y mi primera rebeldía fue contra ti, contra tus libros, textos pesados que intentaban descifrar al hombre y a Dios, y entonces rehuyó a tu biblioteca, y busco nuevas letras, y  caigo en Caicedo, en Zuleta, en Arango, en Barba Jacob y Jatin. Lo que me alejo de tu palabra un tiempo,

Tus libros, lo que logre salvar de tu biblioteca, son ahora una manera de vencer al tiempo y a la muerte. Abro un libro y hay esta tu letra, tus apuntes, tus anotaciones, el subrayado perfecto. Allí estas y puedo tocarte en las palabras escritas que mano fuerte y cabuyera labran sobre el papel amarillo,

Tu muerte ha de ser robusta y vociferante, como tu vida, por eso hoy 7 años después, estas aquí, en la mente de todas estas personas que nos acompañan y que, como yo, se niegan, a que la inquietud que broto de tu juventud, se apague.

Juan Pablo Cardona Olaya.

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